soy azul soy rosa soy azul soy rosa soy azul soy rosa soy azul soy rosa
22 de enero de 2009
12 de enero de 2009
Un día cualquiera no se donde estoy
A la hora que sea abro los ojos, cualquier día, y tengo que reconocer la luz, las marcas de la pared, la textura del edredón, los colores de los números luminosos del reloj. O reconocer que no hay reloj. Pero el móvil siempre está. A veces a la derecha de la cama, y otras a la izquierda. En una mesita de madera, en una verde de plástico, en el suelo, también a veces, pero siempre está, y siempre me dice la hora. Pero no el lugar.
Hoy el móvil estaba a mi derecha, en una mesita de noche de madera, junto a un vaso de agua, delante del reloj despertador con los números amarillentos. El edredón es más bien duro y la ventana está a mi derecha. A mi izquierda hay calorcito humano. Estoy en Valencia. Ha sonado el despertador. Es lunes. Hay que aligerar.
Hacía frío cuando salí a la calle, dos grados marcaba el termómetro de la estación. Cero cuando llegué a Madrid a mediodía. Todavía quedaban capas de nieve helada sobre el césped y en las esquinas. El reguero de agua en las calles no era porque todo el vecindario se hubiera puesto a regar las plantas en ese momento. Seguramente se deshacía la nieve de los tejados que todavía no veía.
Mañana la luz de la ventana me entrará por la izquierda, el móvil estará sobre la mesita, a la derecha y los números del despertador serán verdes. El edredón será más fino y en la cama sólo estará mi calor.
Hoy el móvil estaba a mi derecha, en una mesita de noche de madera, junto a un vaso de agua, delante del reloj despertador con los números amarillentos. El edredón es más bien duro y la ventana está a mi derecha. A mi izquierda hay calorcito humano. Estoy en Valencia. Ha sonado el despertador. Es lunes. Hay que aligerar.
Hacía frío cuando salí a la calle, dos grados marcaba el termómetro de la estación. Cero cuando llegué a Madrid a mediodía. Todavía quedaban capas de nieve helada sobre el césped y en las esquinas. El reguero de agua en las calles no era porque todo el vecindario se hubiera puesto a regar las plantas en ese momento. Seguramente se deshacía la nieve de los tejados que todavía no veía.
Mañana la luz de la ventana me entrará por la izquierda, el móvil estará sobre la mesita, a la derecha y los números del despertador serán verdes. El edredón será más fino y en la cama sólo estará mi calor.
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